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EL ÚLTIMO TANGO EN PARIS
Por © Horacio Cacciabue (escritor)


Dos Desangelados, un Saxo Desesperado y un Cielo Amarillo. Una mañana de invierno, un hombre y una muchacha se cruzan en una calle, la calle es Jules Verne, en París. Un travelling desencajado obtura en una ventana de un departamento deshabitado. Al rato se consuma un sexo desaforado, cuando ambos dejan el departamento, el pacto está sellado.
Volver a encontrse no para dar la vuelta al mundo sino para, en soledad, sin preguntas y con el compromiso de nunca conocer sus nombres, hurgar en sus almas.
Así como se ha dicho que todo film es un thriller, una investigación, el Ultimo Tango es un thriller sexual, la investigación que inicia Paul (Marlon Brando), sobre la vida de Jeanne (María Schneider) a la que primero toma con el último resto de una agotada vitalidad y, luego de superar el misterio del encuentro furtivo, hundirse en sus misterios y perseguirla, por un París fantasmagórico, con el fondo del saxo desesperado del Gato Barbieri.
Entre las cuatro paredes del departamento parisino serán Adán y Eva en el fin del mundo.
El es un boxeador retirado, Sartre ya había establecido en "El Ser y la Nada" la diferencia entre estar muerto y estar retirado, el muerto no tiene pasado, el retirado no tiene otra cosa.
Paul (Marlon Brando) es todo pasado, está repleto de pasado, ex boxeador, ex drogadicto, reciente viudo y amante abandonado, camina groggy por un sendero sin retorno, por delante solo tiene la muerte.
Jeannette (María Schneider) es todo futuro, una lolita con cara de niña, tetas de vedette y cuerpo de sensualidad trasnochada, estrangulada por una familia moralista, un novio celoso y perturbado y un futuro burgués.

Dos desangelados
El desangelado es un término del boxeo que se refiere al púgil, que desorientado busca a su rival en los ojos del público, desangelado-desorientado por no tener rival. Por no tener espejo.
Como felinos sedientos se poseen, se desarman, se desgarran, en escenas de belleza dionisíaca que salpica sus babas en el asfalto de un París terminal, que respira a la sombra de la miseria colectiva.

Dos pumas luchando con sus sombras
En los títulos del film, nos tropezamos con imágenes de obras de Francis Bacon, que como nadie pudo reflejar en su arte, la expresión más autocompasiva de asco y de espanto del hombre hermético de las urbes posindustriales.
Obra nacida en estado de desequilibrio. "El Ultimo Tango en París" es una película baconiana, en sus encuadres, en su composición y puesta en escena.
En sus secuencias desaforadas, en su universo desolador, en su pornografía compulsiva.
Obra única de belleza impar, en estado de expresión retorcida, como la pintura de Francis Bacon, con tango y sobre el tango, una danza desacompasada que narra el naufragio urbano de dos perdedores, en una ciudad, que ya nunca más será la ciudad del amor.
París pondrá el dolor, Brando la alevosía, María Schneider el cuerpo, para filmar escenas de pornografía existenciales, violaciones con penetración en secretos vomitados.
Bernardo Bertolucci realizó "El Ultimo Tango..." en 1972, el film conoció un largo camino de incomprensiones y desafueros críticos.
Bertolucci es un cinéfilo, alguien que ama al cine y que asume lo real -la realidad- , como la justificación plena para su realización fílmica, como una apetencia prometéica, con destino magnificente.
Los ejes de su universo ficcional se nutren de dos ejes bastante explícitos, por un lado, el reconocimiento estético a los hacedores del cine clásico norteamericano, bien marcados en el tratamiento de la fragmentación de planos, el ritmo de sus cortes y su concepción de tiempo y espacio.
En ese registro, Bertolucci utiliza hasta el paroxismo la máscara, el misterio y el método interpretativo de Marlon Brando (Lee Strasberg, Elia Kazán, Tennessee Williams), como huellas indelebles del cine y su historia, y los hace explícito.
Es dable recordar que "El Ultimo Tango" podría ser un manifiesto, o un monumento al deseo y que Brando llegó al cine en un tranvía llamado......
En el registro opuesto el personaje de Jean Pierre Laud (alter ego de Francois Truffaut, emblema del cine francés), cineasta realista, pedante y burgués.
Bertolucci es también es un artista italiano, de la estirpe de los Visconti, de los Pasolini, que como ellos introduce en su cine elementos de su tradición.
Estas vertientes las observamos en "El Ultimo Tango", a saber: El melodrama y el sentido operístico de la organización y división del drama en escenas divisibles y continuadas, La música como elemento expresivo, de las reacciones dramáticas de los personajes que son arquetipos y no individuos, el saxo del Gato Barbieri con la impronta existencialista del Free Jazz en compases atonales con reminiscencias tangueras y los gestos del saxo de Oliver Nelson como fuerzas contrapuestas y apuntes expresivos.
La funcionalidad productiva en momentos pictóricas, referidas en la obra de Francis Bacon en particular, la fotografía y la iluminación de Vittorio Storaro en general, que construye un universo de cromos ocres tornasolados que desangran expresivos en un cielo amarillo de cadmio.
Finalmente la lectura histórico-dialéctica, que en ese momento era motor pensante en Europa y en Italia en especial, que pudo incorporar el marxismo a su tradición.
Bertolucci usa el cine como materia ideológica y el lente de la cámara como arma de guerra. Primero la aventura casi soñada, un encuentro furtivo en un departamento deshabitado y un salto al abismo, La pasión física dará paso al amor y este dará paso a la posesión, quien es el otro? donde vive? con quien? De allí, a la necesidad del otro.
Por eso el Tango, la danza que es un abrazo, que parodia un acoplamiento, por eso en el Ultimo Tango bailan los últimos Adán y Eva de este universo amarillo, al que se le escapa una serpentina como en un fin de fiesta.
El tango es un sentimiento triste que se baila" le dirá Paul. Jeanne busca un padre que le cuente un cuento y él le escupe verdades de un mundo en estado de putrefacción. Ella espera que la saquen a bailar, el la arrastra sobre la pista, ella espera las buenas noches, él no espera nada. Ella va a recitar puntualmente el final de un cuento de Borges, "Emma Zunz”. Y apretará el gatillo.
“La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios” escribió Borges.
Paul dejará el chicle y encontrará la muerte, porque ya estaba muerto.
No se sabe si fue por amor o por espanto, fue en París y fue "el último tango".

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