PLIEGOS DE ARTE

AO: Tu pintura revela claramente tus pasiones: el jazz, la ciudad, el tango, el boxeo... ¿qué te moviliza de cada una de esas disciplinas?.
HC: Son mis pasiones, me representan y trato de desarrollarlas en un lenguaje autónomo, distinto. En ese registro digo que vivo atrapado en lo absurdo de que mis cuadros se oigan o se muevan. Por ejemplo a mí me sucede con respecto al box que cuando hay un golpe, estoy tratando de ver un acuerdo entre dos fuerzas enfrentadas que paradojalmente dicen lo contrario, porque se están pegando, pero yo siento que en el movimiento del boxeo, el golpe se produce solamente cuando hay un acuerdo entre los dos cuerpos. El jazz es un recurrente en mi vida, soy un saxofonista frustrado. Admirador del trompetista Charlie Parker. Otro gran músico que se repite en mi obra es Miles Davis, me fascina su ruptura, su búsqueda, su imagen siempre me pareció muy afín a mi pintura. El jazz es como mi atmósfera como la phisis para los griegos.
AO: Es verdad, hay acuerdo pent enfrentamiento. eso es muy filosófico, pareciera que tu otra pasión, que es la filosofía, se entrama con tu pintura?.
HC: Seguramente, en realidad lo que me importa con la pintura es representar dos cosas que son de la filosofía, dos fuerzas que se enfrentan casi siempre deviniendo en un tercero, cuando pienso en dos cuerpos, estoy pensando en uno solo aunque estén enfrentados. Además, la cuerda y el clarooscuro le dan un contenido dramático al boxeo que me resultan muy plásticos. Y el otro es el instante, porque en la música o en el movimiento lo que prima es el instante, es lo que trato de atrapar, si tuviera que explicar algo.
AO: Si. se transmite e imparta emocionalmente... ¿Cuál fue el mayor legado que te transmitió tu gran maestro, Gorriarena?
HC: Podría decir varias cosas. Llegue a Gorriarena cuando él ya era pintor, cuando ya había ganado un premio, y había vendido obra. Sucede que lo recomendaba a cualquiera que me preguntaba por un maestro, sin conocerlo personalmente. Se dio como dice el proverbio zen. llegué a mi maestro cuando estaba preparado. Pensaba que tenía que llegar cuando tuviese una cierta altura y sentí que en ese momento lo encontré y nos cruzamos. El Gorri. el viejo, como le decía, era un maestro en todo sentido, maestro de la vida. Él me enseñó a ser joven. El pintor siempre es joven, la buena pintura es siempre joven. No sé si eso se enseña, pero él me decía que un pintor de sesenta años es como un jugador de fútbol de diecisiete, porque la pintura es para grandes. Ahora, que soy grande, me doy cuenta de la dimensión de lo que me decía. El registro del pintor, a mi gusto, se da en la consistencia en el seguir, en el seguir siempre, porque en general hay mucha adversidad. la debe haber en todas las disciplinas, pero en el caso del pintor es bastante absurdo, porque uno pinta para que alguien te compre un cuadro, construye algo para uno, sabiendo que se tiene que ir y muchas veces el premio es cuando se va no cuando se queda.
AO: En realidad, lo bueno es que circule.
HC: Si, el final de una obra es cuando ya no es tuya.
AO: Claro, cuando tiene espectadores?.
HC: Cuando está en otro lado, por eso pienso que una de las necesidades de la profesión es ser desaprensivo.
AO: Es como dejar volar a tus hijos.
HC: Exacto, es muy parecido a eso.
AO: Lo bueno es que podes seguir creando.
HC: Claro y el viejo en eso era un gran maestro. Tengo una gran influencia, no sólo por lo que me enseñó, sino por haber respirado semejante obra a su lado. Tuve una influencia que con él se me marcó por haber convivido con semejante artista en determinado momento de su producción, porque su método de enseñanza era muy particular, era muy distinto a cualquier docente en las artes plásticas. trabajaba unos métodos, unos ejercicios y después exploraba solamente el inconsciente, por decirlo de alguna manera, o el “yo plástico” de cada uno de nosotros y nunca era la solución de un pintor, no te decía como tenía que resolverlo, lo teníamos que resolver nosotros, por lo tanto si bien muchos de sus alumnos tenemos su marca, creo que fue mucho más por haber convivido cerca que por lo que él nos haya indicado o enseñado.
AO: También en eso reside el aprendizaje, es siempre molesto en algún punto, lo tenes que hacer vos, el maestro te guía pero vos sos el creador, el hiten maestro te deja que Io superes. Si bien tenes una impronta de él, tu obra es marcadamente tuya posee un registro único.
HC: Creo que un pintor es importante cuando se constituye en si mismo en el sentido de tener una marca propia digo en el registro de que alguien ve una obra y sepa ver que es de aquel aunque no este firmada, lo que decía Heidegger ser lo que uno es. Al contrario el lo que hacía era lo que veo que no hace casi ningún maestro, el echaba a los alumnos, decía que después de dos años te tenés que ir, no te dejaba seguir porque decía que eso era un vicio, que si te quedabas siempre ibas a ser alumno y uno pinta cuando está solo, cuando estás en pelotas.
AO: ¿Tenés una ¡dea previa o, como decía Picasso, en el devenir de Ia obra, aparece la creación?
HC: A mí me pasa todo, de hecho ahí tengo unas telas vacías que curiosamente hace tiempo que las tengo y sin embargo la tela vacía es una gran incógnita. Me suele pasar que planeo hacer una obra y termino haciendo otra o que un trabajo ya planteado me lleva a otro lado.
AO: Pasaste un umbral que no tiene retorno en ese sentido.
HC: Sí , en eso no hay vuelta, no podes dejar de pintar. Y a veces te digo que no es nada placentero. Yo siento mucho más el ruido de haber fracasado todos los días, los pintores vivimos sobre el fracaso, modificando, es un fenómeno... y nos arrepentimos, por eso constantemente corregimos, sobre todo cierto tipo de pintura como la mía que tiene expresión, parte de un lado pero nunca llega, yo digo que podríamos seguir modificando siempre un cuadro y por eso es muy difícil determinar cuando finaliza una vez que está cubierta toda la tela.
AO: Yo no lo llamaría fracaso.
HC: Me refiero a fracaso cuando venís con la idea concebida de algo, la vas a plantear, estas absolutamente seguro y cuando la ves... no es. Tengo la idea, quizás por mi “vicio" de la filosofía, que la pintura es una cuestión de tiempo, no de espacio. Que se da en un determinado momento, en un cruce entre el soporte y el hacedor. Hay un cuadro de Matisse que se ve que el tipo saco el rojo y el mismo rojo lo volvió a poner en otro momento porque no era para ese instante, aunque fuera el mismo rojo, por eso. en esc sentido hablo de fracaso...Yo hablo del “brillo fatuo" vos juntando tres cositas te vas a dormir creyéndote el gran hacedor y cuando te despertás ves unos brillos que es a lo que llamo “la mugre de lo real" que si no lo tapas, no podes vivir. Entonces me resulta torturante, me sucede que eso es en algún registro un fracaso. La belleza es un error incorregido, lo dijo alguien y yo se lo tomo, digo en eso hacemos la obra ¿no? Yo pinto tres o cuatro obras simultáneas y después quedan. Uno puede tener doscientos cuadros y me preguntan ¿cómo hacés? Y...los vas procesando Puedo vivir tanto con un boxeador como con un pintor, porque la forma es otra cosa, no es el tema. La pintura tiene textura, peso...
AO: Claro, ese cuadro que pintaste aquel día no lo hubieras podido haber pintado hoy.
HC: Claro y además un cuadro no lo pintás todo en un día, en ese momento te esta obsesionando una mano y no podés estar hasta que no resolvés la mano.
AO: Y al resolver la mano, probablemente, tengas que cambiar el resto.
HC: Hay una frase aplicable a la tarea de un pintor, “cuando alteras una rama modificas una estrella" es muy aplicable a eso de que no podés soportar ese detalle del cuadro y cuando lo modificaste no soportás todo el resto. Si a mi no me pega muy fuerte, no me doy por satisfecho, de hecho yo destruyo bastante, trabajo sobre la destrucción, a veces miro y doy vuelta una tela y me lleva a otro lado y chau fue. Muchas veces, esos avances o retrocesos, ese “pentimento” que es arrepentimiento en italiano quedan marcados en la tela, por eso pentimento, que es una hermosa novela de Lillian Heilman, es el proceso que sucede en los cuadros cuando se ve a través de la veladura, con los hilos lo que esta atrás, entonces dice Lillian Heilman que detrás de un árbol puedes ver un oso. Too •> se ve hasta lo que no se ve, es mas se trabajo, más, a veces sobre lo que no se ve que sobre lo que se ve y queda de todas maneras la realización con ese arrepentimiento atrás.
AO: La fuerza, los colores, los trazos y las dimensiones de tu serie de obra de pintura contrastan con la delicadeza de tus acuarelas son dos estilos bien diferenciados.
HC: Si, creo que es bien distinto, primero porque es bien distinto el dibujo a la pintura, el dibujo es intelectual, la línea no existe en la naturaleza y la pintura parecería que se alimenta de la naturaleza que la naturaleza explota o implosiona. Lo que la acuarela tiene, es un poco de pintura y bastante de dibujo y en ella me interesa mucho expresar dos o tres conceptos muy fuertes que en mi pintura están, pero en una manera bien pesada, que no se nota tanto.... es el azar, la acuarela tiene mucho de azar, porque es una gota que se anda moviendo, tiene mucho de la fugacidad y es muy liviana. Por eso puedo meter una figura en un cuadro abstracto... son dos lenguajes distintos. Para hacer una síntesis diría que es lo liviano y lo pesado. Y yo soy un poco así, intelectual y también salvaje.


Adriana Oubiña


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